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En Qué Creemos

La Iglesia Bautista de Hickory Grove sigue el mensaje de la fe bautista que fue adoptado el 14 de Junio del 2000. Asi dice:

I. LAS ESCRITURAS

La Santa Biblia fue escrita por seres humanos inspirados divinamente y es la revelación de Dios mismo hacia los hombres. Es el perfecto tesoro de las instrucciones divinas. Tiene a Dios como el autor, la salvación por su fin, y la verdad, sin ningún margen de error como la fuente. Es por eso por lo que, toda la escritura es verdadera y de mucha confianza. Nos revela los principios por los cuales Dios nos juzga, y es por eso por lo que, será así hasta el fin del mundo, el verdadero centro de la unión cristiana, y los principios que cada creyente cree, y donde toda opinión religiosa es llevada a prueba. Toda la escritura es el testimonio de Cristo, quien es el mismo enfoque de la divina revelación.
Éxodo 24:4; Deuteronomio 4:1-2; 17:19; Josué 8:38; Salmos 19:7-10; 119:11,89,105,140; Isaías 34:16; Jeremías 15:16; 36:1-32; Mateo 5:17-18;22:29; Lucas 21:33; 24:44-46; Juan 5:39; 16:13-15; 17:17; Hechos 2:16; 17:11; Romanos 15:4; 16:25-26; 2 Timoteo 3:15-17; Hebreos 1:1-2; 4:12; 1 Pedro 1:25; 2 Pedro 1:19-21. 

II. Dios

Existe solo un Dios verdadero y vivo. Él es inteligente, espiritual, y un ser personal, el Creador, Redentor, Preservador, y el que gobierna el universo. Dios es infinito en su santidad y en todas las otras perfecciones. Dios es todo poderoso, todo lo sabe; y su perfecto conocimiento se extiende a todas las cosas pasadas, presentes, y futuras, incluyendo las futuras decisiones de sus criaturas libres. A Él le debemos nuestro mas alto amor, reverencia, y obediencia. El eternal Dios trino revelado hacia nosotros como el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo, con distintos atributos personales, pero con ninguna división en su naturaleza, esencia, o ser. 

A. Dios El Padre

Dios el Padre reina con cuidado providencial sobre su universo, sus criaturas, y sobre toda la humanidad como fue expresada sobre el propósito de su gracia. Él es todo poderoso, todo lo sabe, es todo amoroso, y todo inteligente. Dios es el Padre de la verdad para aquellos que son hijos de Dios por medio de la fe en Jesucristo. Él es el Padre eterno de toda la creación.
Génesis 1:1; 2:7; Éxodo 3:14;6:2-3; 15:11; 20:1; Levítico 22:2; Deuteronomio 6:4; 32:6; 1 Crónicas 29:10, Salmos 19:1-3. Isaías 43:3, 15; 64:8; Jeremías 10:10; 17:13; Mateo 6:9; 7:11; 23:9; 28:19; Marcos 1:9-11; Juan 4:24; 5:26; 14:6-13; 17:1-8; Hechos 1:7; Romanos 8:14:15; 1 Corintios 8:6; Gálatas 4:6; Efesios 4:6; Colosenses 1:15; 1 Timoteo 1:17; Hebreos 11:6; 12:9; 1 Pedro 1:17, 1 Juan 5:7.

B. Dios el Hijo

Jesucristo es el eterno Hijo de Dios. En su encarnación como Jesucristo Él fue concebido por el Espíritu Santo y nació por medio de la virgen María. Jesús fue revelado perfectamente e hizo la voluntad de Dios, tomando sobre sí mismo todas las necesidades humanas y se identificó con el ser humano sin ningún pecado. El honro la divina ley por su obediencia, y por su muerte en la cruz hizo providencia para la redención del hombre y su pecado. Él se levantó de entre los muertos con un cuerpo glorificado y se les apareció a sus discípulos como la persona que estaba con ellos antes de la crucifixión. Él ascendió al paraíso y ahora está sentado a la diestra de su Padre donde Él es el mediador, todo Dios, todo hombre. Él regresará con poder y gloria para juzgar al mundo y consumar su misión redentora. Él ahora habita en todos los creyentes como el Señor viviente y presente.
Génesis 18:1; Salmos 2:7; 110:1; Isaías 7:14; 53; Mateo 1:19-23; 3:17; 8:29; 11:27; 14:33; 16:16, 27; 28:1-6, 19; Marcos 1:1; 3:11; Lucas 1:35; 4:41; 22:70; 24:46; Juan 1:1-18, 29; 10:30, 38; 11:25-27; 12:44-50; 14:7-11; 16:15-16, 28; 17:1-5, 21-22; 20:1-20, 28; Hechos 1:9; 2:22-24; 7:55-56; 9:4-5, 20; Romanos 1:3-4; 3:23-26; 5:6-21; 8:1-3, 34; 10:4; 1 Corintios 1:30; 2:2; 8:6; 15:1-8, 24-28; 2 Corintios 5:19-21; 8:9; Gálatas 4:4-5; Efesios 1:20; 3:11; 4:7-10; Filipenses 2:5-11; Colosenses 1:13-22; 2:9; 1 Tesalonicences 4:14-18; 1 Timoteo 2:5-6; 3:16; Tito 2:13-14; Hebreos 1:1-3; 4:14-15; 7:14-28; 9:12-15, 24-28; 12:2; 13:8; 1 Pedro 2:21-25; 3:22; 1 Juan 1:7-9; 3:2; 4:14-15; 5:9; 2 Juan 7:9 Apocalipsis 1:13-16; 5:9-14; 12:10-11; 13:8; 19:16. 


C. Dios EspÍritu Santo

El Espíritu Santo es el Espíritu Santo de Dios, todo divino. Él inspiró a los santos hombres a escribir las Escrituras. Por medio de la iluminación Él les da a los hombres el entendimiento para entender sus verdades. Él exalta a Cristo. Él convence al hombre de sus pecados, de justicia y juicio. Él guía al hombre hacia su Salvador, y a la regeneración de efectos. Al momento de la regeneración el bautiza a cada creyente al cuerpo de Cristo. Él cultiva el carácter cristiano, ayuda a los creyentes, y da dones espirituales por medio de los cuales sirven a Dios a través de su iglesia. Él sella al creyente para el día de redención. Su presencia en el creyente es la garantía que Dios va a traer al creyente a la altura de Cristo. Él le da poder al creyente y a la iglesia en la adoración, en el evangelismo y en el servicio.
Génesis 1:2; Jueces 14;6; Job 26:13; Salmos 51:11; 139:7; Isaías 61:1-3; Joel 2:28-32; Mateo 1:18; 3:16; 4:1; 12:28-32; 28:19; Marcos 1:10-12; Lucas 1:35; 4:1, 18-19; 11:13, 12:12; 24:49; Juan 4:24; 14:16-17,26; 15:26; 16:7-14; Hechos 1:8; 2:1-4,38; 4:31 5:3; 6:3; 7:55; 8:17, 39; 10:44; 13:2; 15:28; 16:6; 19:1-6; Romanos 8:9-11, 14-16, 26-27; 1 Corintios 2:10-14;3:16; 12:3-11, 13; Gálatas 4:6; Efesios 1:13-14; 4:30; 5:18; 1 Tesalonicences 5:19; 1 Timoteo 3:16; 4:1; 2 Timoteo 1:14; 3:16; Hebreos 9:8, 14; 2 Pedro 1:21; 1  Juan 4:13; 5:6-7; Apocalipsis 1:10; 22:17

III. Hombre

El hombre es la creación especial de Dios, hecho a su propia imagen. Él los creó hombre y mujer como el trabajo de su creación. El regalo del género sobrepasa la bondad de Dios sobre su creación. En el comienzo el hombre era inocente del pecado y fue adoptado por su creador con libertad de opción. Con esa libertad el hombre pecó contra Dios y trajo el pecado a toda la raza humana. Por medio de la tentación de Satanás el hombre transgredió el mandato de Dios, y perdió su inocencia y de esa forma heredó la naturaleza por inclinarse al pecado. Es por eso por lo que apenas son capaces de tomar una decisión moral, se transforman en transgresores y están bajo condenación. Solamente la gracia de Dios puede traer al hombre en santa comunión y le permite mostrar su personalidad como evidencia en la que Dios lo creó a su imagen, y que Cristo murió por él; es por eso por lo que, cada persona de cada raza tiene dignidad y deben de ser respetados con un amor cristiano.
Génesis 1:26-30; 2:5, 7, 18-22; 3; 9:6; Salmos 1; 8:3-6; 32:1-5; 51:5; Isaías 6:5; Jeremías 17:5; Mateo 16:26; Hechos 17:26-31; Romanos 1:19-32; 3:10-18,23; 5:6,12,19; 6:6; 7:14-25; 8:14-18,29; 1 Corintios 1:21-31; 15:19, 21-22; Efesios 2:1-22; Colosenses 1:21-22; 3:9-11.

IV. Salvación

La salvación involucra la redención del hombre, y es dada gratuitamente a todos los que aceptan a Jesucristo como Señor y Salvador, que con su propia sangre fue dada la redención a todos los que en Él crean. Su salvación incluye regeneración, justificación, santificación y glorificación. No hay salvación si no tenemos nuestra fe en Jesucristo como nuestro Salvador.

A. Regeneración, o el nuevo nacimiento, es el trabajo de la gracia de Dios cuando un nuevo creyente es una nueva criatura en Jesucristo. Es un cambio de corazón transformado por el Espíritu Santo por medio de la convicción de pecados, en el cual el pecador responde con arrepentimiento hacia Dios en fe en el Señor Jesucristo. El arrepentimiento y la fe son experiencias inseparables de la gracia.
El arrepentimiento es volverse genuinamente del pecado hacia Dios. Fe es aceptar a Jesucristo y el compromiso de todo el ser a Él como el Señor y el Salvador de nuestras vidas. 

B. La justificación es la gracia de Dios con principios de la justicia de todos los pecadores quienes se arrepienten y creen en Cristo. Justificación lleva al creyente a una relación de paz y favor con Dios.

C. Santificación es la experiencia, que comienza en la regeneración, para que el creyente sea apartado para cumplir el propósito de Dios, y es encaminado para el progreso hacia una madurez moral y espiritual por medio de la presencia del Espíritu Santo que mora en él. El crecimiento en la gracia debe de continuar en el proceso de la regeneración de la vida de la persona.

D. Glorificación es la culminación de la salvación y es la bendición final del redimido.
Génesis 3:15; Exodo 3:14-17; 6:2-8; Mateo 1:21; 4:17; 16:21-26; 27:22; 28:6; Lucas 1:68-69; 2:28-32; Juan 1:11-14, 29; 3:3-21, 36; 5:24; 10:9, 28-29; 15:1-16; 17:17; Hechos 2:21; 4:12; 15:11 16:30-31; 17:30-31; 20:32; Romanos 1:16; 17:17; Hechos 2:21; 4:12; 15:11; 16:30-31; 17:30-31; 20:32; Romanos 1:16-18; 2:4; 3:23-25; 4:3; 5:8-10; 6:1-23; 8:1-18, 29-39; 10:9-10,13; 13:11-14; 1 Corintios 1:18, 30; 6:19-20; 15:10; 2 Corintios 5:17-20; Gálatas 2:20; 3:13; 5:22-256:15; Efesios 1:7; 2:8-22; 4:11-16; Filipenses 2:12-13; Colosenses 1:9-22; 3:1; 1 Tesalonicences 5:23-24; 2 Timoteo 1:12; Tito 2:11-14; Hebreos 2:1-3; 8-9; 9:24-28; 11:1-12; 8:14; Santiago 2:14-26; 1 Pedro 1:2-23; 1 Juan 1:6; 2:11; Apocalipsis 3:20; 21:1-22,5.

V. El propósito de la Gracia de Dios

La elección es el propósito de la gracia de Dios, por el cual Él nos regenera, nos justifica, nos santifica, y glorifica a los pecadores. Es consistente con la agencia libre del hombre, y entiende lo que significa la conexión hasta el fin. Es la gloriosa demostración de la soberana bondad de Dios, y su infinita sabiduría, su santidad, que nunca cambia. Excluye la jactancia y promociona la humildad. Todos los verdaderos cayentes son fieles hasta el fin. Aquellos que fueron aceptados por Dios en Cristo, y fueron santificados por el Espíritu, nunca se apartarán de su gracia, pero tendrán que perseverar hasta el fin. Los creyentes podrán caer en pecado por no rechazar la tentación, por el cual afligen al Espíritu, deterioran su gracia y confortabilidad, y traer condenación por la causa de Cristo y juicio temporal sobre sus vidas; sin embargo, serán guardados por el poder de Dios a través de la fe para la salvación.
Génesis 12:1-3; Exodo 19:5-8; 1 Samuel 8:4-7, 19-22; Isaías 5:1-7; Jeremías 31:31, Mateo 16:18-19; 21:28-45; 24:22, 31; 25:34; Lucas 1:68-79; 2:29-32; 19:41-44; 24:44-48; Juan 1:12-14; 3:16; 5:24; 6:44-45, 65; 10:27-29; 15:16; 17:6; 12, 17-18; Hechos 20:32; Romanos 5:9-10; 8:28-39; 10:12-15; 11:5-7, 26-36; 1 Corintios 1:1-2; 15:24-28; Efesios 1:4-23; 2:1-10; 3:1-11; Colosenses 1:12-14; 2 Tesalonicenses 2:13-14; 2 Timoteo 1:12; 2:10, 19; Hebreos 11:39-12:2; Santiago 1:12; 1 Pedro 1:2-5, 13, 2:4-10; 1 Juan 1:7-9; 2:19; 3:2.

VI. La Iglesia

Una iglesia del Señor Jesucristo en el nuevo testamento es una congregación local autónoma de creyentes bautizados, asociados en un pacto en la fe y compañerismo en el Evangelio; observando las dos ordenanzas de Cristo, gobernadas por su ley, ejerciendo los dones, derechos, y privilegios invertidos en ellos por su palabra, y extendiendo el Evangelio a los extremos de la tierra. Cada congregación opera bajo el Señorío de Cristo por medio de un proceso democrático. En tal congregación cada miembro es responsable a Cristo como Señor.  a sus pastores y diáconos. reconociendo que tanto el hombre como la mujer tienen dones en servir en la iglesia, el puesto de pastor es limitable a hombres calificados por las escrituras. El nuevo testamento habla también sobre la iglesia como el Cuerpo de Cristo que incluye todos los redimidos de toda edad, creyentes de todas tribus, de toda lengua, y pueblo, y nación.
Mateo 16:15-19; 18:15-20; Hechos 2:41-42, 47; 5:11-14; 6:3-6; 13:1-3; 14:23,27; 15:1-30; 16:5; 20:28; Romanos 1:7; 1 Corintios 1:2; 3:16; 5:4-5; 7:17; 9:13-14; 12; Efesios 1:22-23; 2:19-22; 3:8-11, 21; 5:22-32; Filipenses 1:1, Colosenses 1:18; 1 Timoteo 2:9-14; 3:1-15; 4:14; Hebreos 11:39-40; 1 Pedro 5:1-4; Apocalipsis 2:3; 21:2-3.

VII. Bautismo y Santa Cena

El bautismo cristiano es la inmersión de un creyente en las aguas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Es un acto de obediencia que simboliza la fe del creyente en la crucifixión, en el entierro, y en la resurrección de nuestro Salvador, es la muerte del creyente al pecado, el entierro de la vieja vida, y la resurrección al nuevo caminar con Cristo Jesús. Es un testimonio a su fe en la resurrección de entre los muertos. Es una ordenanza de la iglesia, es un privilegio para los miembros de la iglesia en participar de la Santa Cena. La cena del Señor es un simbólico acto de obediencia para los miembros de la iglesia, en participar del pan y del fruto de la vid, recordando la muerte de nuestro Redentor y anticipando su segunda venida.
Mateo 3:13-17, 26:26-30; 28:19-20; Marcos 1:9-11; 14:22-26; Lucas 3:21-22; 22:19-20; Juan 3:23; Hechos 2:41-42; 8:35-39; 16:30-33; 20:7; Romanos 6:3-5; 1 Corintios 10:16, 21; 11:23-29; Colosenses 2:12.

VIII. El día del Señor

El primer día de la semana pertenece al Señor. Son las instituciones cristianas que regularmente la observan. Es la celebración de la resurrección de Cristo de entre los muertos e incluye servicios de adoración y devocionales espirituales, públicos y privados. Las actividades en el día del Señor deben de estar en acorde con una conciencia cristiana bajo el liderazgo de Jesucristo.
Éxodo 20:8-11; Mateo 12:1-12; 28:1; Marcos 2:27-28; 16:1-7, Lucas 24:1-3; 33-36; Juan 4:21-24; 20:1, 19-28; Hechos 20:7; Romanos 14:5-10; 1 Corintios 16:1-2; Colosenses 2:16; 3:16; Apocalipsis 1:10.

IX. El Reino

El Reino de Dios incluye su general soberanía sobre el universo y su particular reinado sobre el hombre quien voluntariamente reconoce al Señor como Rey. Particularmente el Reinado es el reino de la salvación en el cual el hombre entra por obediencia, como un niño comprometido a Jesucristo. Los creyentes son llamados a orar y trabajar por el reino para que se cumpla su voluntad en la tierra. la consumación total del reino espera el retorno de Jesucristo al fin de este tiempo.
Génesis 1:1; Isaías 9:6-7; Jeremías 23:5-6; Mateo 3:2; 4:8-10, 23; 12:25-28; 13:1-52; 25:31-46; 26:29; Marcos 1:14-15; 9:1; Lucas 4:43; 8:1; 9:2; 12:31-32; 17:20-21; 23:42; Juan 3:3; 18:36; Hechos 1:6-7; 17:22-31; Romanos 5:17; 8:9; 1 Corintios 15:24-28, colosenses 1:13; Hebreos 11:10,16; 12:28; 1 Pedro 2:4-10; 4:13; Apocalipsis 1:6, 9; 5:10; 11:15; 21-22.

X. Últimas Cosas

Dios, en su propio tiempo y en su propia forma, llevara su palabra hasta el fin. Según sus promesas, Jesucristo va a volver personal y visiblemente en gloria a esta tierra; los muertos resucitaran; y Cristo juzgara a toda persona en su justicia. El no justificado será llevado al infierno, el lugar eterno de sufrimiento. El justo en un cuerpo resucitado y glorificado recibirá su galardón y vivirá para siempre en los cielos con el Señor.
Isaías 2:4; Mateo 16:27; 18:8-9; 19:28; 24:27, 30, 36, 44; 25:31-46; 26:64; Marcos 8:38; 9:43-48; Lucas 12:40, 48; 16:19-26; 17:22-37; 21:27-28; Juan 14:1-3; Hechos 1:11; 17:31; Romanos 14:10; 1 Corintios 4:5; 15:24-28; 35-58; 2 Corintios 5:10; Filipenses 3:20-21; Colosenses 1:5; 3:4; 1 Tesalonicenses 4:14-18; 5:1; 2 Tesalonicences 1:7; 2; 1 Timoteo 6:14; 2 Timoteo 4:1, 8; Tito 2:13; Hebreos 9:27-28; Santiago 5:8; 2 Pedro 3:7; 1 Juan 2:28; 3:2; Judas 14; Apocalipsis 1:18; 3:11; 20:1-22:13.

XI. Evangelismo y Misiones

Es el mandato y la responsabilidad de cada seguidor de Cristo y de cada de nuestro Señor Jesucristo de hacer discípulos en todas las naciones. El nuevo nacimiento en el espíritu de un creyente por medio del Espíritu Santo de Dios es el nacimiento de un amor hacia los demás. Los esfuerzos misionarios de parte de todos es el resultado espiritual de la necesidad de una vida regenerada, y es expresada y repetidamente ordenada en las enseñanzas de Cristo. El Señor Jesucristo nos encargo de predicar el evangelio a todas las naciones. Es la responsabilidad de cada hijo/a de Dios de buscar de salvar a los que se pierden por medio de nuestro testimonio, y como también por otros métodos en armonía con el evangelio de Cristo.
Génesis12:1-3; Éxodo 19:5-6; Isaías 6:1-8; Mateo 9:37-38; 10:5-15;13:18-30, 37-43; 16:19; 22:9-10 24:14; 28:18-20; Lucas 10:1-18; 24:46-53; Juan 14:11-12; 15:7-8, 16; 17:15; 20:21; Hechos 1:8; 2; 8:26-40; 10:42-48; 13:2-3; Romanos 10:13-15; Efesios 3:1-11; 1 Tesalonisences 1:8; 2 de Timoteo 4:5; Hebreos 2:1:-3; 11:39-12:2; 1 Pedro 2:4-10; Apocalipsis 22:17.

XII. EducaciÓn

La fe cristiana es iluminación e inteligencia. En Jesucristo habitan todos los tesoros de sabiduría y conocimiento. Todo aprendizaje es parte de nuestra herencia cristiana. El nuevo nacimiento nos abre toda la facultad de entendimiento y nos crea una sed de aprender mas. La causa de educación en el reino de Dios esta coordinado con el trabajo en las misiones y genera benevolencia, y debe de recibir con todas estas causas la ayuda liberal de todas las iglesias. Un sistema adecuado de una educación cristiana es necesario para completar un programa espiritual para todo creyente. En la educación cristiana debe de haber un balance adecuado entre la libertad académica y las responsabilidades académicas. La libertad en cualquier forma relacionada a la vida humana debe de ser limitada y nunca absoluta. La libertad de un maestro en una escuela cristiana, universidad, o seminario es limitada por la preeminencia de Jesucristo, por la autoridad de las escrituras, y por el distinto propósito en el cual existe la escuela.
Deuteronomio 4:1; 5, 9, 14; 6:1-10; 31:12-13; Nehemías 8:1-8; Job 28:28; Salmos 19:7; 119:11; Proverbios 3:13; 4:1-10; 8:1-7, 11; 15:14; Eclesiastés 7:19; Mateo 5:2; 7:24; 28:19-20; Lucas 2:40; 1 Corintios 1:18-31; Efesios 4:11-16; Filipenses 4:8; Colosences 2:3; 8-9; 1 Timoteo 1:3-7; 2 Timoteo 2:15; 3:14-17; Hebreos 5;12-6:3; Santiago 1:5; 3:17.

XIII. MayordomÍa

Dios es la fuente de toda bendición, temporal y espiritual; todo lo que tenemos se lo debemos a Él. Todo cristiano tenemos una deuda espiritual con todo el mundo, nuestra administración fiduciaria en el evangelio, y una mayordomía vinculante en nuestras posesiones. Entonces están bajo una obligación a servir con sus tiempos, talentos, y con posesiones materiales; y deben de reconocer todas estas cosas que fueron encomendadas a nosotros para ser usadas para la gloria de Dios y para la ayuda de otros. De acuerdo con las escrituras, los creyentes deben de contribuir con gozo, regularmente, sistemáticamente, proporcionadamente, y liberalmente para el avance de la causa del Redentor en esta tierra.
Génesis 14:20; Levíticos 27:30-32; Deutoronomios 8:18; Malaquías 3:8-12; Mateo 6:1-4, 19-21; 19:21; 23:23; 25:14-29; Lucas 12:16-21, 42; 16:1-13; Hechos 2:44-47; 5:1-11; 17:24-25; 20:35; Romanos 6:6-22; 12:1-2; 1 Corintios 4:1-2; 6:19-20; 12; 16:1-4; 2 Corintios 8:9; Filipenses 4:10-19; 1 Pedro 1:18-19.

XIV. COOPERACIÓN

El pueblo de Cristo debería, según lo requiera la ocasión, organizar las asociaciones y convenciones que mejor aseguren la cooperación para los grandes objetos del reino de Dios. Tales organizaciones no tienen autoridad una sobre otra o sobre las iglesias. Son cuerpos voluntarios y asesores diseñados para obtener, combinar y dirigir las energías de nuestra gente de la manera más efectiva. Los miembros de las nuevas iglesias testamentarias deben cooperar entre sí para llevar a cabo los ministerios misioneros, educativos y benevolentes para la extensión del reino de Cristo. La unidad cristiana en el nuevo sentido del testamento es la armonía espiritual y la cooperación voluntaria para fines comunes por varias denominaciones cristianas, cuando el fin que se alcanzará está justificado, y cuando tal cooperación no implica violación de conciencia o compromiso de lealtad a Cristo y su Palabra como revelación en el nuevo testamento. 
Éxodo 17:12; 18:17; Jueces 7:21; Esdras 1:3-4; 2:68-69; 5:14-15; Nehemías 4; 8:1-5; Mateo 10:5-15; 20:1-16; 22:1-10; 28:19-20; Marcos 2:3; Lucas 10:1; Hechos 1:13-14; 2:1; 4:31-37; 13:2-3; 15:1-35; 1 Corintios 1:10-17; 3:5-15; 12; 2 Corintios 8-9; Gálatas 1:6-10; Efesios 4:1-16; Filipenses 1:15-18.

XV. LOS CRISTIANOS Y EL ORDEN SOCIAL

Todos los cristianos están obligados a tratar de hacer que la voluntad de Cristo sea suprema en nuestras propias vidas y en la sociedad humana. Significa que los métodos utilizados para el mejoramiento de la sociedad y el establecimiento de la rectitud entre los hombres pueden ser verdadera y permanentemente útiles solo cuando están enraizados en la generación del individuo por la gracia salvadora de Dios en Jesucristo. En el Espíritu de Cristo, los cristianos deberían oponerse al racismo, toda forma de avaricia, egoísmo, vicios, y todas las formas de inmoralidad sexual, incluyendo adulterio, homosexualidad, y pornografía. Debemos trabajar para proveer para los huérfanos, los necesitados, los maltratados, los ancianos, los indefensos y los enfermos. Debemos hablar en nombre de los no nacidos y luchar por la santidad de toda la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural. Cada cristiano debe tratar de poner a la industria, al gobierno y a la sociedad como un todo bajo el dominio de los principios de rectitud, verdad y amor fraternal. A fin de promover estos fines cristianos debemos de estar listos para trabajar con todos los hombres de buena voluntad y en cualquier buena causa, siempre siendo cuidadoso de actuar en el espíritu de amor sin comprometer nuestra lealtad a Cristo y su verdad.
Éxodo 20:3-17; Levítico 6:2-5; Deuteronomio 10:12; 27:17; Salmos 101:5; Miqueas 6:8; Zacarías 8:16; Mateo 5:13-16,43-48; 22:36-40; 25:35; Marcos 1:29-34; 2:3; 10:21; Lucas 4:18-21; 10:27-37; 20:25; Juan 15:12; 17:15; Romanos 12-14; 1 Corintios 5:9-10; 6:1-7; 7:20-24; 10:23-11:1; Gálatas 3:26-28; Efesios 6:5-9; Colosenses 3:12-17; 1 Tesalonicenses 3:12; Filemón; Santiago 1:27; 2:8.

XVI. PAZ Y GUERRA

Es deber de los cristianos buscar la paz con todos los hombres en los principios de la justicia. De acuerdo con el Espíritu y las enseñanzas de Cristo ellos deberían hacer todo lo que esté en su poder para finalizar una guerra. El remedio verdadero para el espíritu de guerra es el Evangelio de nuestro Señor. La suprema necesidad del mundo es la aceptación de su enseñanza en todos los asuntos de hombres y naciones, y la aplicación práctica de su ley de amor. La gente cristiana en todo el mundo debería orar por el reinado del Príncipe de Paz.
Isaías 2:4; Mateo 5:9, 38-48; 6:33; 26:52; Lucas 22:36-38; Romanos 12:18-19; 13:1-7; 14:19; Hebreos 12:14; Santiago 4:1-2.

XVII. LIBERTAD RELIGIOSA

Solo Dios es Señor de la conciencia, y la ha dejado libre de las doctrinas y mandamientos de los hombres que son contrarios a su Palabra o no están contenidos en ella. La iglesia y el gobierno deben estar separados. El gobierno debe dar protección a cada iglesia y libertad en la búsqueda de sus fines espirituales. Al proporcionar tal libertad el gobierno no debería estar a favor de uno o de otro grupo eclesiástico o denominación en particular. El gobierno civil fue ordenado por Dios, el deber de los cristianos es tener obediencia leal a eso en todas las cosas que no van contrario a la voluntad revelada de Dios. La iglesia no debería recurrir al poder civil para llevar a cabo su trabajo. El evangelio de Cristo contempla solo los medios espirituales para la búsqueda de sus fines. El gobierno no tiene derecho de imponer penalidades por opiniones religiosas de cualquier tipo. El gobierno no tiene derecho de imponer impuestos para el apoyo de cualquier forma de religión. Una iglesia libre en un gobierno libre es el ideal cristiano, y esto implica el derecho de acceso libre y sin obstáculos a Dios por parte de todo hombre, y el derecho a formar y propagar opiniones en la esfera de la religión sin interferencia del poder civil.
Génesis 1:27; 2:7; Mateo 6:6-7,24; 16:26; 22:21; Juan 8:36; Hechos 4:19-20; Romanos 6:1-2; 13:1-7; Gálatas 5:1,13; Filipenses 3:20; 1 Timoteo 2:1-2; Santiago 4:12; 1 Pedro 2:12-17; 3:11-17; 4:12-19. 

XVIII. LA FAMILIA

Dios ha constituido la familia como una institución fundamental de la sociedad humana. Esta compuesta por personas relacionadas una con otra por el matrimonio, sangre o adopción.
Matrimonio es la unión de un hombre y una mujer en un compromiso pactado por toda la vida. Es el singular regalo de Dios revelar la unión entre Cristo y su iglesia y la proveer al hombre y la mujer el marco de referencia para una compañía íntima, el canal de expresión sexual de acuerdo con los parámetros bíblicos y, el significado de la procreación de la raza humana. El esposo y la esposa son de igual valor ante Dios, porque ambos fueron creados a la imagen de Dios. La relación matrimonial modela la forma como Dios se relaciona con su pueblo. Un esposo debe amar a su esposa como Cristo ama a su iglesia. Dios le ha dado al esposo la responsabilidad de proveer, proteger y de dirigir su familia. Una esposa se debe someter con gracia ante el liderazgo de servicio de su esposo, así como la iglesia se somete al liderazgo de Cristo. Ella ha sido creada a la imagen de Dios como su esposo por lo tanto es igual que él, Dios le ha dado la responsabilidad de respetar a su esposo y de servir como ayuda para dirigir el hogar y sustentar la siguiente generación. Los hijos, desde el momento de la concepción son una bendición y patrimonio del Señor. Los padres deben demostrar a los hijos el patrón de Dios para el matrimonio. Los padres deben de enseñar a sus hijos los valores espirituales y morales y dirigirlos, a través de su ejemplo en su forma de vivir y amar la disciplina para tomar decisiones basadas en las verdades bíblicas. Los hijos deben de honrar y obedecer a sus padres.  
Génesis 1:26-28; 2:15-25; 3:1-20; Éxodo 20:12; Deuteronomio 6:4-9; Josué 24:15; 1 Samuel 1:26-28; Salmos 51:5; 78:1-8; 127; 128; 139:13-16; Proverbios 1:8; 5:15-20; 6:20-22; 12:4; 13:24; 14:1; 17:6; 18:22; 22:6,15; 23:13-14; 24:3; 29:15,17; 31:10-31; Eclesiastés 4:9-12; 9:9; Malaquías 2:14-16; Mateo 5:31-32; 18:2-5; 19:3-9; Marcos 10:6-12; Romanos 1:18-32; 1 Corintios 7:1-16; Efesios 5:21-33; 6:1-4; Colosenses 3:18-21; 1 Timoteo 5:8,14; 2 Timoteo 1:3-5; Tito 2:3-5; Hebreos 13:4; 1 Pedro 3:1-7.